La sierra del Sueve durante los últimos siglos fue el reino de los caballos asturcones por excelencia, pues dadas sus especiales condiciones y régimen administrativo de los pastos permitió que esos animales autóctonos de las montañas asturianas no desapareciesen para siempre. Ahora ya los hay en otros lugares y se les protege algo más.
Tratamos aquí, una vez más, de la sierra del Sueve, pero no para hablar de sus picos o vegas como en otras ocasiones, sino de los famosos caballos asturcones que tanta gloria dieron a nuestra tierra. No hay que olvidar que la primera cita que se hace de Asturias en la Historia la hicieron los cronistas romanos de la época para hablar de unos pequeños caballos negros, con una estrella blanca en la frente, que tenían los guerreros astures.
A los romanos llamó poderosamente la atención la fortaleza y bravura de estos pequeños caballos (ponis astures) que podían llevar sobre su grupa a dos guerreros y además eran de poca y fácil alimentación, así como el paso de ambladura o paso portante que daban (y dan) moviendo las dos patas del mismo lado a la vez. Y la destreza al trepar por terrenos rocosos. Ese paso es muy cómodo para los jinetes, por eso varios ejércitos a través de los siglos los adoptaron para sus unidades de caballería. Y no solo los astures o los romanos pues Aníbal y los cartagineses se dice que pasaron los Pirineos y los Alpes con caballos asturcones (además de con elefantes). El emperador Nerón los tenía entre sus animales preferidos y ganaban carreras en los circos romanos. También hay quien cree que Don Pelayo fue a la batalla de Covadonga a lomos de uno de esos famosos caballos.
Estos afamados equinos se pueden ir a visitar ahora allí, tanto por tierras de Piloña, como de Colunga, Caravia o Parres. Por este último concejo es más fácil, a través del Fito, Cofiño o Fios. Aunque por Piloña puede que se encuentren los ejemplares más puros. Allí conviven actualmente los asturcones con otros animales de varias razas. Y en especial con los gamos, que aunque son unos cérvidos foráneos (o sea que no son autóctonos de las montañas asturianas) se adaptaron al Sueve magníficamente y desde hace cuatro décadas viven en estas montañas en perfecta armonía con estos caballos.
Los asturcones del Sueve se pueden ver bien cerca de las majadas del Potril y Espineres o en las laderas de los picos Pienzu, Mirueñu, La Múa, Palomeru, Les Duernes, Babú y Vegallories... El acceso puede ser bueno por los altos de la Cruz de Llames (Mirador del Fito) o de La Llama y por los pueblos que rodean a esta sierra, en unas dos o tres horas de tranquila caminata ascendente. El paseo merece la pena.
Ir a la sierra del Sueve para ver los asturcones, o los gamos o cualquier otra especies fáunica y fotografiarlos (sin molestarles, claro está) es una actividad muy saludable, que se hace bien en un día de campo, sin prisas. Si tenemos un buen guía mejor que mejor.
Pero los asturcones no solo se
pueden contemplar ahora en la sierra del Sueve. Afortunadamente ya pueblan estos
nobles caballos muchos otros lugares de Asturias (y de otras regiones). Puede
que más de medio millar de asturcones considerados puros (aunque algunos ya no
tienen la estrella blanca en la frente, como aseguraban los romanos) pastan en
salvaje libertad o semicautiverio en montes de Piloña, Grado, Ponga, Peñamellera,...
Y parece ser que hasta en los alrededores de Gijón, Oviedo y Carreño (junto a la
factoría de Du Pont). Pero donde más abundan es en el Monte Cayón, pues allí
tiene una manada de un centenar de asturcones la Consejería de Medio Rural y
Pesca del Principado de Asturias.