Entre la carretera que une Cangas del Narcea con Ibias, a través del Puerto del Conio y la que une asimismo esas dos localidades, pero a través del Pozo de Las Mujeres Muertas (ahora en fase de ampliación), se esconde el hermoso valle y garganta que forma el río Cabreiro, que tras nacer en Conio tributa sus aguas en el caudaloso Coto, cerca de Vega del Hórreo. Ese apartado lugar es un paraíso natural, en el que se esconden dos pueblos perdidos aún entre las montañas: Lartosa y La Vega el Tachu.
Siempre recordaremos las excursiones colectivas con veteranos y expertos amigos de la Agrupación Montañera Astur Torrecerredo, de los que tanto se aprende sobre la Naturaleza y el compañerismo. En una de ellas, de hace casi tres lustros, al visitar el bosque de Muniellos y su entorno, en la cumbre del Valmayor, con sapiencia y buen hacer nos detallaban que al otro lado de ese maravilloso y afamado bosque había una garganta (la del río Cabreiro) y dos escondidos pueblos (Lartosa y la Vega el Tachu) dignos de ser visitados... Y, recientemente, volvimos allí y pudimos comprobar que el tiempo no pasa para ese paradisíaco lugar. Nos referimos a la Naturaleza, pues para los seres humanos ya es casi un paraíso abandonado, en cada uno de esas típicas aldeas del Suroccidente asturiano, ya no quedan ni media docena de habitantes.
En esta ocasión nuestros compañeros de excursión también fueron unos excelentes anfitriones, tanto el empresario de ecoturismo Chema Díaz González, propietario del albergue rural Ecotur, de Vega del Hórreo, como la encargada municipal del turismo en Cangas del Narcea, Carmen Rodríguez Martínez y el jefe de la Policía Local de ese concejo, Antonio Menéndez Queipo. El día fue excelente, pues además la meteorología acompañó lo suyo.
Todo fue como pasear desde cerca de Moal, en la subida al Conio, donde sale la pista minero-forestal, que une la civilización con Lartosa (o La Artosa) y la Vega el Tachu (o La Vega del Tallo), hasta las proximidades del típico pueblo de Vega del Hórreo, a la orilla del río Couto. El camino es de cerca de una docena de kilómetros, por un paraíso natural de verdad. Para Chema Díaz esas dos aldeas Lartosa y la Vega el Tachu, son el Bulnes del Occidente asturiano. Dos núcleos de población escondidos entre las montañas, abandonados de la mano del hombre, en medio de bosques de especies arbóreas autóctonas, donde aún mora el mítico oso pardo, hace de las suyas el lobo o el zorro (el "raposu"), canta en primavera el urogallo y saltan en la floresta multitud de cérvidos, corzos o venados. Los jabalíes campan por sus respectos, lo mismo que las comadrejas o las ginetas y en el cielo se recortan las siluetas de las aves rapaces. En los arroyos y en los ríos (del Coto o Couto, Cabreiro, del Oro o Tablizas,...) no es rara la presencia de nutrias, al acecho de las abundantes truchas. Caminando por la pista minera-forestal puede aparecérsenos cualquier animal silvestre, en especial saltando entre los árboles las ardillas y trepando por los riscos de Pena Ventana los rebecos.
Desde Moal solo hay una pequeña subida de dos kilómetros escasos hasta el collado o alto del Forcao, después es todo bajar o llanear. En ese alto se contempla, atrás (al Sur), Muniellos y, delante (al Noreste) el pueblo y valle de Oballo. En el descenso primero se pasa por el pueblo de la Vega el Tachu, cruzando el río Cabreiro (que baja del Conio) por un rústico puente y luego, siempre bordeando las sierras de Pena Ventana, de Oballo y de Ferroy. En las cercanías del camino se ven cortines (para proteger las colmenas y la miel de los golosos plantígrados) y cuerries (donde se dejaban a secar las castañas con los "oricios"). Al fondo la garganta del río Cabreiro y del Couto