Trobaniello, tanto el cordal, como la collada y, especialmente, su capilla, es algo maravilloso, de lo que pueden presumir los quirosanos. Una carretera por esa zona si se pide hace muchos años, pero hay dudas de si esa vía puede ser para mejor o para peor y "si el fin justificará los medios", opinan algunas personas... El encanto de ahora, aunque ya pasan los vehículos por la pista, debería de preservarse.
En tierras quirosanas hay bellezas naturales por doquier, montes o sierras, ríos y gargantas, cascadas y lagunas, bosques y vegas... En estos maravillosos lugares, la flora es magnífica y la fauna muy abundante, con especies tan poco frecuentes ya en toda la Cordillera Cantábrica, como el oso pardo, el lobo, el urogallo, la nutria o el gato montés, aunque todos estos animales ya son escasos y están siendo muy perseguidos por el furtivismo, por lo que no sería nada extraño que en menos de un lustro fuesen sólo un recuerdo, una leyenda.
Entre los bosques menos conocidos del concejo de Quirós está el de La Parada o de Ricabo (denominado asi por encontrarse en las proximidades de este pueblo). Este monte se encuentra en el entorno de los del Coto, El Cabezu y El Grande, en las estribaciones norteñas del puerto Ventana y del Huertu del Diablu, contrafuertes del Cordal de Trobaniellu, Peña Rueda y Macizo de Ubiña.
Pudiendo atravesarse por ancha pista, que cruza en unos 15 kilómetros desde Puerto Ventana a Ricabo, pasando por Trobaniellu, Garrafe, La Foix, La Parada y Bueida... Por esa vía (mejor por una parte de ella) iba antaño una famosa calzada romana, que unía tierras quirosanas y leonesas.
Por ese lugar pasaba el antiguo camino real o vía romana, que fue recorrida por Jovellanos en julio de 1792, según cita en sus Diarios. Decía así el ilustre asturiano: "Martes, 5 de julio de 1792. Madrugada; salimos a las seis, caminando al poniente; se ve en la falda opuesta el lugar de Villajime, bien cultivado y frondoso, y luego a la de acá Villanueva, que es de la parroquia de San Vicente de Nimbra. Esta iglesia se halla al paso, cerca de donde se vuelve a encontrar el camino real que viene por la orilla del río. Ala opuesta, Ricabo, lugar de muchos prados; treinta vecinos. Se ve abajo el puente para pasar, y a la parte de acá algunas tierras de labor y bellísimos prados; al frente, y como cerrando la salida Occidental del concejo, la Peña de Parada, alta, escarpada y arenisca, como todas las alturas de este concejo a la misma parte. La parroquia de Cienfuegos está en el seno que corre Norte-Sur, y en lo alto de él nacen las aguas principales del río que baña el centro (Quirós); pero son también caudales las que nacen al pie de Peña Parada, que corren Poniente-Oriente hasta unirse a las otras junto a Bárzana. Antes de empezar las famosas revueltas (Garrafe) nos dejaron el presbítero D. Pedro y el colegial de San Pelayo D. Miguel Terrero, hermano e hijo de D. Vicente. Subida penosísima; lo fue más por habernos cogido una copiosa lluvia. En lo alto de las revueltas se ve la gran cañada y montes que describen el concejo de Teverga. Ermita de Nuestra Señora de Trobaniello. El puerto alto, de excelente suelo, y donde se pudiera hacer un buen camino veraniego. A fuerza de subir y dar vueltas, se dobla la Peña de Parada, y sigue buen camino hasta encontrar el de Teverga, que se une en la garganta misma que hacen las alturas, y en una bajada, que acaso tomó el nombre de Ventana, acaba Asturias".