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LOS CABALLOS “ASTURCONES” Y LOS ROMANOS

Como es sabido (o tendría que serlo), la primera cita histórica sobre Asturias fue en las crónicas romanas (Plinio, Siglo I A.C.), para hablar precisamente de los caballos que tenían los astures, pues les llamó poderosamente la atención la fuerza que tenían esos pequeños equinos (“ponis astures”) y su cómodo “paso de andadura” (o “portante”), que les hacía muy cómodo y eficaz para los jinetes y para trepar por zonas rocosas o muy abruptas (y lanzar flechas).

Por tanto nuestra presentación en la Historia fue para hablar de nuestros pequeños caballos autóctonos (los “asturcones”) y no para citar a las personas de Asturias... Estos “ponis astures”, además, son similares a los equinos pintados ya en la Prehistoria, en numerosas cuevas de la Cornisa Cantábrica. Los caballos que hace más de dos milenios poblaban esta región, parece ser, eran por un lado los “asturcones”, pequeños, de poca alzada (“ponis”), “rechonchos” (algo panzudos) y de color o capa negra, sólo con una “estrella” blanca (o lucero) en la frente. ¡Ahora hay quien ignora lo de la “estrella” blanca y los identifica con “capa parda” (amarronada)!… (¿). Y, por otro lado, unos caballos más “modernos” y finos (o delgados) y de mayor alzada, también de capa negra, que se denominaban “Tieldones”, o “Celdones-Asturcones”… Actualmente son los equinos autóctonos que hay en Asturias y otras regiones del Norte de España, en especial en la sierra del Sueve (donde sobrevivieron en los últimos siglos, como bien nos dijo Miguel Angel García Dory, Jorge Sánchez Migoya, Manuel Cima, Alfredo García e Ignacio Pontón). Son los herederos directos de los “asturcones”, pero también pueden ser descendientes de los ”Tieldones” (o una mezcla de ambos).

El Sueve es una sierra costera y su máxima cota, el Picu Pienzu, es la 3ª altitud del Planeta más cercana al Mar (con 1.149 m. de cota); y en ella está uno de los mayores bosques de tejos de Europa (“La Teyera”, con 7.000 ejemplares), además del hayedo a menor altitud de España (“La Viescona”, a 500 m.).

La cita histórica de época romana, a que nos referimos, decía: “…Las tribus Galaicas y Astures del Norte de Hispania crían una raza de caballos a la que llaman Celdones (en su idioma); esta raza, pequeña, a la que nosotros (los romanos) llamamos Asturcones, no trotan sino que poseen un paso fácil, especial, que viene de mover las dos patas de cada lado alternativamente (“paso de andadura”, o ”portante”)… Aunque de mediana estatura (“ponis”) y estampa poco vistosa, son muy sobrios, de fácil alimentación, veloces y resistentes”… Plinio, Historia Natural. Siglo. I A.C.

Se tienen bastantes referencias de poetas e historiadores latinos (Marcial, Silio Itálico, Séneca, Cicerón, Estrabón o el citado Plinio) que hacen mención a los “asturcones” como magníficos caballos, muy veloces, nobles, fuertes, de gran resistencia y de paso de ambladura natural (“trote” cómodo). Asimismo hay textos romanos que mencionan a los afamados “asturcones” como caballos que formaban, junto con sus dueños y jinetes celtíberos (guerreros astures), parte del ejército del general cartaginés Aníbal, para atravesar los Pirineos y los Alpes, en su lucha contra Roma. Al lado de los “asturcones” iban también, parece ser, grandes elefantes… Por todo esto y su valor histórico, biológico, cultural y sentimental, para Asturias, bien merecen una adecuada protección, ayuda y consideración política-social, que actualmente no tienen…(¿). Como mal ejemplo, en 2.019, en la Montaña de Covadonga, a la entonces recién nombrada Princesa de Asturias, se le regaló un caballo de raza “inexistente”, o desconocida (a diferencia de a su padre, Felipe VI, que en similar acto se le habían entregado dos “asturcones”, puros, en Borines, en la falda sureña de la sierra del Sueve; llamados “Requexín” y “Maladina”).

Además, fueron muy empleados los “asturcones” y sus jinetes (los guerreros astures), como tropas auxiliares de las legiones romanas distribuidas por todo el Imperio. Nada menos que Silio Itálico en sus atinadas crónicas relata como un “asturcón” se coronó de laureles en la carrera de Alepo, que constituía el concurso hípico más famoso de la antigüedad; así como otro, de nombre “Panchartes” ganaba carreras en los circos de Roma... Y teniendo el emperador Nerón entre sus animales preferidos a un pequeño “poni asturcón”.

Para los astures estos caballos eran sagrados y aparecían en las lápidas funerarias. ¡Aunque todo esto, en Asturias, las autoridades (culturales, turísticas o medioambientales…), tal parece que ahora no lo valoran mucho!.